La sororidad que surgió después del crimen en el Hogar “Seguro”
Ilustración: Jasmin López
Mayra Jiménez Flores, integrante del Colectivo 8 Tijax, testificó en la audiencia realizada el 17 de febrero por el Caso Hogar “Seguro” Virgen de la Asunción. Ella es una de las mujeres que ha acompañado, alimentado y abrazado a las 15 sobrevivientes y a las familias de las 41 fallecidas desde el día del incendio, ocurrido el 8 de marzo del 2017. Mayra se encuentra asilada en Rhode Island, Estados Unidos, a causa de las amenazas de muerte que recibió por su labor en la búsqueda de justicia por las 56 niñas. Esta es su declaración.
Por Jasmin López
El día 7 de marzo del 2017 yo no supe nada de lo que estaba ocurriendo en el Hogar Seguro. El día 8 de marzo en la mañana me llamó mi hija y me contó lo que estaba pasando, que pusiera el televisor; lo puse y vi lo que estaba pasando en el Hogar Seguro, era muy temprano, tipo 8:30, quizás, de la mañana, más o menos, no sé bien la hora pero sí, fue muy temprano, fue en la mañana. Entonces yo llamé a María Peña, quien es una amiga, le conté, nos alarmamos muchísimo y nos preguntamos por lo que estaba pasando y pensamos: ¿qué hacemos? Pues vamos.
María y yo nos trasladamos en… tenía en ese momento un microbús grande, y pues pensamos que podía servirnos. Fuimos en ese (carro) al Hogar Seguro. Cuando llegamos allá había una aglomeración de personas. Se notaba que eran personas que iban llegando a preguntar, a pedir información sobre sus hijas, hijos también, porque no se sabía exactamente, entonces había personas también que estaban buscando niños.
Había una persona que recuerdo que se llamaba, se llama Daisy, y era del Hogar Seguro, me parece, y estaba subida en algo, entonces se miraba en alto y era la que estaba atendiendo a la gente que estaba preguntando. Se desesperó, se enojó muchísimo, porque la gente estaba angustiada, estaba afligida, estaba con la preocupación de que sus hijas estuvieran allí, ¿verdad? Entonces ella se enojó mucho y dijo que le hartaba, que ya estaba harta, que estaba enojada, que ya la tenían cansada, que eran unos abusivos, se puso súper enojada y dijo que se iba a entrar. Y se entró, y la gente se quedó allí afuera, entonces ya no había nadie que les pudiera dar información.
Nosotras, viendo la situación, decidimos con María Peña que ella tomara el cargo de la señora que se entró y había algunas personas que, no me recuerdo, pero eran, me imagino de organizaciones de mujeres y que estaba yo tomando nota de los nombres que iban dando los familiares, es decir, particularmente tenía una libreta, llegaba alguien y le decía “¿Cuál es su nombre?”, lo anotaba, anotaba el nombre, “¿Qué edad tiene?”, 15, 14, y ya nos habían dicho que más o menos en esas edades estaban las niñas que estaban heridas. Anotaba y yo se lo pasaba a María, María con toda la dulzura le tocaba la ventanita al policía que estaba atrás y le daba al policía la notita. ‘’Ahorita vengo’’, y entraba. No sé qué hacía adentro, si lo llevaba o no, pero a él se lo entregábamos.
Artistas visuales colaboraron con su trabajo en la Campaña Global #NosDuelen56 para mantener viva la memoria de las niñas.
Arte: Gerardo Monterroso
Nuestro papel allí también fue calmar a la gente. Estaban unos en shock nervioso, estaban llorando muchas mujeres, mamás, familias. Calmamos a las personas con abrazos, nos dimos cuenta que apretándolas muchísimo y fuerte contra nuestro cuerpo se iban calmando y les decíamos que se tranquilizaran, es decir, les dábamos palabras de ánimo y de aliento para que tuvieran la fortaleza para seguir allí en la espera de que les informaran algo.
Estábamos en eso, y pude observar también a alguien que salió y dijo que dónde estaban los familiares de la niña Ashley Gabriela. Dijo el apellido, creo que es Méndez, o Ramírez, no recuerdo bien el apellido. Y estaba allí la mamá, entró y pues nosotras seguimos haciendo lo que estábamos haciendo y recuerdo que esa fue una de las primeras experiencias bien fuertes que yo viví allí, y que vi sufrir, pues, a la gente, tan fuerte. Ella salió en un estado crítico, gritando, llorando, se tiró al pavimento y decía “¡No, mi hija no puede ser, no puede ser!”. Mire, eso era una cosa… Yo me tuve que ir detrás de un carro a llorar. Me conmovía (ininteligible). Su hija, le habían dicho, había muerto dentro del aula. Así se vieron varias escenas.
Empezamos a trabajar con las personas que necesitaban ir a los hospitales. Hicimos varios viajes, particularmente manejé y María se quedó y así hicimos varios viajes, verdad. Llevamos a personas a la, por ejemplo, a la PGN. Recuerdo que fuimos con personas también a dejarlas al hospital. Algunas ya no salían, entonces, me llamaba María, por ejemplo, que había una necesidad en el Hogar otra vez, y regresaba, y de esa cuenta puedo decir que llegamos a algunas instituciones. Llegamos a la Torre de Tribunales a poner una cuestión, (recurso) de exhibición personal, llegamos a la morgue también, porque algunas no encontraban a sus hijas y, con todo el amor del mundo, les convencíamos para que fueran a la morgue. Les llevábamos y justamente algunas estaban en la morgue ya. Eso y… fue muy doloroso, las escenas estas.
En eso pasamos, regresé y había unas compañeras de organizaciones de mujeres. No recuerdo exactamente bien pero estaban todavía allí, ya no había familiares. Ya no regresamos, allí nos quedamos en la morgue. Y no había suficiente personal para que atendiera a las personas. El director de la morgue empezó a darse cuenta de que estábamos nosotras, que estábamos apoyando. Nos lo agradeció y de esa cuenta pudimos llegar todos los días, como que éramos trabajadoras de allí, y atender a las personas. Es más, los policías nos decían, a mí me decían, “Mire, doña Mari, ya vino otra mamá, vienen dos mamás a reconocer, a ver si están sus hijas aquí”, “Ah, sí poli, déjelas pasar”, y ya adentro había más compañeras. Parecíamos hormigas, estábamos apoyando. Nadie mandaba a nadie, no teníamos tiempo ni de ver el teléfono, no teníamos tiempo de nada.
Mayra Jiménez Flores declaró por videollamada desde Rhode Island, Estados Unidos, donde se asiló a causa de las amenazas de muerte que recibió por exigir justicia en este caso.
Foto: Meme Solano
Nos preocupamos porque comieran, la gente de El Gallito llegaba con café, con pan, llevaban suéteres. Es decir, la gente llevaba comida. Nosotras nos preocupábamos porque comiera la gente, porque ahí se pasaban ocho días. Iba llegando yo a mi casa, íbamos llegando con las compañeras tipo 2, 3 de la mañana a veces, porque era mucha la gente que había, y al otro día a las 7:30 media ya estábamos allí otra vez. Así nos pasamos 15 días.
Llegó el momento en que alguien me dijo: “Mire, Mayrita -porque ya nos conocían, a nosotras nos reconocían allí- ¿será que cuando me toque -y llorando, muy mal las personas- será que cuando me toque pasar me acompaña?”. Es la última parte del protocolo, verdad, reconocerlas físicamente. Pues yo a la primera le dije: “Sí, claro que sí, sí”. Ellas recibían mucho amor, yo creo que a eso fuimos nosotras, a servir.
Y acompañé a la primera persona a reconocer a su niña. La mamá llegó sola, estaba en un estado crítico, imagínese reconocer a su hija. Estaban dentro de una bolsa de plástico negra, y depende el criterio del forense, era atrás de una ventana y acercaban la camilla y abrían, entonces ya la reconocían a través del vidrio, pero algunos forenses eran de otra opinión, entonces entraban directamente a donde estaban las niñas, es decir, así pegadita.
En todos los casos yo calculo que entré entre 15 y 18 niñas a… pues no tenía que verlas exactamente, verdad, yo estaba allí acompañando a la familia, a la mamá. Fue demasiado duro. Hubo, por ejemplo, un reconocimiento de la hija de la señora Anastasia. Ese reconocimiento duró, quizás, unos 45 minutos porque ella no podía identificarla. Y yo me la llevaba a un rinconcito de la sala donde estaba la niña y le decía, por ejemplo, “Recuérdese cómo eran sus piecitos, cuando usted le ponía sus calcetas. Recuérdese porque los pies de nuestro hijos no se olvidan. Mírele sus pies”, porque eso era lo que tenía tan quemado, verdad, entonces “Mírele sus pies, vaya viéndola poco a poco”. “Sí” -me decía-“está bien”. Regresábamos y fíjese que como no la reconocía de aquí, porque aquí era la parte que tenía más quemado, entonces fueron abriendo y abriendo y abriendo la bolsa hasta que quedó totalmente expuesta en la camilla. Y… fue muy doloroso como estaba ella, fue muy impactante, estaba allí ella, verdad, y estuvimos abrazándonos, consolando, y dijo: “No. Ella no es mi hija. No es”.
Pero el doctor, el director de la morgue, nos tomó mucha confianza y nos dijo… me dijo que ella era porque ya las huellas dactilares habían dado, pero que para tranquilidad de ella que esperara entonces, verdad. Y así fue como se hizo.
Ilustraciones de artistas de Guatemala y el mundo, parte de la Campaña Global #NosDuelen56
Colage: #NosDuelen56
Quiero recalcar que allí no había presencia del Gobierno, más que mandó… Estaba el presidente Jimmy Morales, él lo único que hizo fue enviar una funeraria de la zona 12, era la funeraria… algo Cadenas… Cadenas. Pero era un desorden afuera porque había varias funerarias. Nadie se tomó la molestia para ir a decir “Esta es la funeraria que les están dando”. Les dieron la caja más… de menos calidad que yo había visto, y no lo digo porque tenían que darles de gran lujo, pero eran de mala calidad realmente. Es decir, si paga uno por una caja barata pero era de mala calidad, además. Entonces era doble, tenían de zinc, tenía que ir sellada. Entonces después del reconocimiento pues ya se las llevaba la funeraria. Eso fue lo único que les dio el Gobierno.
Nosotras nos ocupamos de buscarles dónde dormir. Algunas amigas dieron sus casas. Nadie se quedó sin un lugar dónde dormir. Entre todas hicimos, se hizo una red muy fuerte entre nosotras. Entonces algunas tenían un familiar médico, había una mamá que se le bajaba la presión, y llamaba a su familiar. Y yo tengo, por ejemplo, un amigo que es abogado, llegaba y así íbamos sacando psicólogos. No había realmente. El Gobierno no mandó a ningún equipo o alguien para que atendiera esta emergencia, y eran muchas niñas las que llevaban. Entonces eso fue lo que hicimos. Recuerdo que ahí se identificaron niñas que no tenían papá ni mamá, entonces no podían sacar, por ejemplo, el ADN, entonces solo (huellas) dactilares. Y hubo una niña, por ejemplo, Celia Samari, por una ruedita que tenía la foto de la tía, Lorenita encontró una foto y por esa ruedita la identificaron.
Es decir, vimos muchos casos. Después nos contaron que había actividades y había manifestaciones por el caso, por lo que había pasado en el parque. Nosotras no nos enteramos nunca de eso. De verdad que no teníamos ni tiempo de ver el teléfono. Estuvimos atendiendo muchos shock nerviosos.
A mí me impactó la indiferencia del presidente, verdad, del Gobierno. Con el tiempo… Yo tengo 8 años de estar. Ese día llegué para quedarme y nos quedamos como voluntarias. Y hemos hecho en estos 8 años como Colectivo 8 Tijax, porque un día le pusimos un nombre. Se llama 8 Tijax porque en el calendario maya el 8 de marzo cae 8 Tijax, entonces por eso le pusimos 8 Tijax. Nosotras nos hemos ocupado durante casi 8 años, que se van a cumplir el 8 de marzo, 8 años de estar viendo por las familias, por lo que pasa, acompañando en todas las audiencias posibles, atendiéndolas.
Por ejemplo, recuerdo en una oportunidad, el juez que estaba, fue el primer juez que estuvo, era muy permisible con la gente de la señora Anahí Keller. Entonces llegaban un montón de mujeres de negro y con bufandas color fucsia, y estaban con los rosarios, y lleno de ellas, y cantaban, y aplaudían. El juez no les decía nada, y a las mamás no les permitía ni siquiera que lloraran, o que hicieran un gesto de desaprobación, por ejemplo, así, o algo, no les permitía. Si alguna mamá empezaba a llorar, nosotras la calmábamos, con aceititos de lavanda. Nosotras veíamos cómo la sacábamos y la calmábamos, para que volviera a entrar.
Una mamá una vez entró en shock porque el juez dejó en libertad a la señora Anahí Keller. A una mamá le dio un shock nervioso. Tuvimos que llamar a los bomberos, y se la llevaron. Cayó desmayada y la señora va de aplaudir, va de cantar cantos religiosos, y el juez como que nada. A mí me molestaba, particularmente me molestaba, porque las mamás ni siquiera podían llorar, estaban viendo lo que estaba pasando ahí, exhibiendo lo de sus hijas, lo que estaba pasando, lo que estaban hablando; como por ejemplo cuando entró la señora Lucinda Marroquín, que entra. Y entra: “Señor juez, yo soy una líder. Yo soy una héroe. Por mí fue que muchas niñas de ellas se salvaron”. Y todas las mamás se quedaron así, porque estaban muy molestas para llorar, nosotras nos sentíamos como mamás también, pues, se hizo como una familia ahí. Y ella dijo eso. Mire, dijo una serie de cosas que a mí… nos dejaron en shock lo que estaba diciendo. Porque nosotras ya habíamos platicado con algunas personas, y pues sabíamos que no era así. que no había sido así, verdad.