El Muro de los Ojos Abiertos: un espacio de memoria colectiva de personas desaparecidas

En el Parque Intercultural, una antigua zona militar, se inauguró el “Muro de los Ojos Abiertos”, un espacio acondicionado con las fotografías de algunas de las víctimas del Conflicto Armado Interno del departamento de Quetzaltenango.

La familia Matul recordó la desaparición y posterior fusilamiento de tres integrantes de su familia durante esta guerra interna que dejó 200 mil muertos y desaparecidos, según el informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico.

Por Prensa Comunitaria

Veladoras, rosas blancas y algunas fotografías de hombres y mujeres en blanco y negro pegadas sobre las paredes de un espacio que se conoció como el “Polvorín”, al noreste del Parque Intercultural en la que funcionaba la Brigada Militar Manuel Lisandro Barillas, también conocida como Zona Militar 17-15, fue el espacio en el que se instaló la muestra “El Muro de los Ojos Abiertos”, en Museo de la Memoria, un sótano que fue utilizado como centro de detención por el ejército de Guatemala durante la década de 1980.

El Parque Intercultural es de los pocos lugares en la ciudad de Quetzaltenango donde se recuerdan a las víctimas de la guerra que duró 36 años. La muestra se realizó en el marco de la conmemoración del Día Nacional de la Dignidad de las Víctimas del Conflicto Armado Interno que en Guatemala se realiza el 25 de febrero, desde que el Congreso de la Republica lo institucionalizo en 2004.

En el Parque Intercultural de Quetzaltenango funcionó una base militar, ahora es un lugar para recordar a quienes fueron víctimas de la violencia estatal. Foto Juan Esteban Calderón.

Este espacio fue habilitado con la presencia de los familiares de las víctimas quienes narraron los momentos de angustia que vivieron ante la desaparición de sus seres queridos, después de que fueran desaparecidos por estructuras ilegales al amparo del ejército. Cada uno de ellos pegó una foto de su familiar en el muro y compartió su vivencia.

La familia Matul perdió a tres de sus integrantes

Daniel Matul Morales, familiar de tres víctimas de la guerra, recordó con tristeza el secuestro de sus familiares en septiembre de 1980. Los detenidos desaparecidos son Carlos Abel, un pedagogo y profesor de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales; y Federico Adolfo, psicólogo y profesor del Instituto Werner Ovalle.

Cornelio Enrique, de 15 años, estudiante del nivel básico del Instituto Werner Ovalle, también está entre las víctimas de esta práctica que se generalizó en los años 80 como parte de una política contrainsurgente dirigida por el ejército.

Los tres hermanos fueron secuestrados muy cerca de su residencia, en la 7ª. y 19 avenida de la zona 3, a media cuadra de la Brigada Militar, ahora Parque Intercultural.

De izq. a der: Carlos, Federico y Cornelio Enrique Matul Morales fueron detenidos desaparecidos en 1980. Foto: Juan Esteban Calderón

“Este es un acto de justicia histórica para todos los jóvenes y ciudadanos guatemaltecos que fueron eliminados físicamente aquí en Quetzaltenango y por supuesto la criminalidad del Estado en ese entonces que dispuso de la vida de mis hermanos”, dijo Matul.

La familia Matul, Rosina, Corina, Daniel y Gustavo acudieron a este espacio a recordar a sus familiares. Foto Juan Esteban Calderón

El sobreviviente narró sobre sus hermanos: “dispusieron de su vida, fueron secuestrados, por militares armados, ellos estaban desarmados. Con la firma de la paz se acordó una búsqueda de una paz… En Guatemala no hay posibilidad para construir un sujeto político, sino lo que estamos haciendo, a través de diferentes plataformas, es construir un sujeto esperanzado”, detalló.

Matul Morales agregó que posterior al secuestro de sus tres hermanos se conoció que “un contingente del ejército se los llevó al municipio de Concepción Chiquirichapa, en un campo de futbol y los fusiló. El argumento criminal de ese entonces, es que eran gente peligrosa por su capacidad de pensar, que eran subversivos como sucedió con miles y cientos de gentes en Guatemala”.

“Ni sus cenizas ni sus huesos”

Durante el evento de inauguración participaron familiares del estudiante Joaquín Rodas Andrade. Su madre, Josefa Elizabeth Andrade y su hermano Héctor relataron los momentos de horror durante el secuestro y desaparición de Joaquín.

“De mi hermano Joaquín, ni sus huesos, ni sus cenizas. Solo su nombre, él tenía 21 años cuando lo torturaron y lo mataron; y nunca más supimos de él…Hemos vivido y seguimos viviendo con mi familia, persecución política, hasta lo más reciente con el exilio de mi hermano, Jordán… realmente este lugar es agobiante, es angustiante”, sollozaba Héctor.

Jordán Rodas es el exprocurador de Derechos Humanos (PDH), quien tuvo que salir al exilio por la persecución encabezada por el Ministerio Público, de Consuelo Porras, y la criminalización a la que se han sumado un grupo de jueces que ha criminalizado a operadores de justicia, defensores de derechos humanos y periodistas.

Héctor Rodas Andrade recuerda a su hermano Joaquín, detenido desaparecido. Foto Juan Esteban Calderón

“Cómo le disparan a las piernas, luego lo lanzan dentro un costal a un picop. ¿Qué le hicieron?, ¿Qué pensaba él, si es que pensaba algo él en ese momento? Desde allí nos cambió toda la vida… yo si los maldigo, a ellos y todos los que hicieron de este país una enorme pesadilla. Crecimos bajo la sombra del miedo y del terror. Eso no se quita”, señaló Rodas.

Homenaje para las y los desaparecidos

Varios familiares de las víctimas tomaron la palabra para alzar la voz, como una forma de desahogo, sobre lo que califican como una pesadilla que vivieron durante la guerra en Guatemala.

Como parte de la actividad Carlos Alvarado leyó un poema de la poeta y escritora quetzalteca Carmen Alvarado Benítez, “Un muro lleno de ojos abiertos”.

https://prensacomunitaria.org/2025/02/un-muro-lleno-de-ojos-abiertos/

Los familiares de las víctimas acudieron desde varios puntos del país, algunos viajaron desde la capital para pegar la fotografía de sus familiares. Otros vinieron de más cerca, de Concepción Chiquirichapa, un municipio a 15 kilómetros de la cabecera de Quetzaltenango.

Familiares de las víctimas pegaron las fotos de sus seres queridos en el muro. Foto Juan Esteban Calderón

Julián López Rivera, familiar de Mariano López Hernández, desaparecido el 10 de octubre de 1982, enfatizó que con los crímenes, “tal vez apagaron una vela, e intentaron apagar el pensamiento de mi querido tío, pero nosotros seguimos luchando, tenemos que dejar un buen legado en esta vida. Queremos luchar por nuestros pueblos”.

Mariano fue herido durante su captura en la cabecera de Concepción Chiquirichapa por integrantes del ejército de Guatemala. Era estudiante de medicina del Centro Universitario de Occidente (CUNOC), y al mismo tiempo enfermero en la clínica parroquial de su municipio. Posteriormente, lo trasladaron a la zona militar de Quetzaltenango donde soldados lo torturaron hasta causarle la muerte, según el informe Guatemala memoria del silencio, de la CEH.

López Rivera concluyó su intervención diciendo que en la actualidad se debe analizar la realidad que viven los pueblos para cambiarlos de manera propositiva.

El Museo de la Memoria, está ubicado en la 4ª. calle entre 19 y 20 avenida, de la zona 3 de Quetzaltenango, en el interior del Parque Intercultural, un lugar de memoria de la historia reciente de la está ciudad del occidente, donde se hace un pequeño homenaje a las personas desaparecidas y asesinadas durante los 36 años que duro la guerra.

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