Gorda desobediente

Muchas veces nos estamos camuflajeando para sobrevivir a entornos, sostener trabajos y status quo. 

Por Gordoridad Guatemala

Considerar que existimos mujeres gordas que no solo somos sexuales, sino además buscamos y disfrutamos serlo, como que da vergüenza, da “cringe”. Está feo ¿no? ¿A quién se le antojaría meterse con la gorda? Además, ¿cog3 la gorda? ¿Quién le pondría atención? ¿Quién sería capaz de desearla?

A muchas de nosotras se nos dijo que para ser deseadas debíamos de tener un carácter dócil, ser suaves, maternales, cuidadoras, puras, vírgenes, recatadas y por supuesto, teníamos que ser delgadas. A mis 32 años he aprendido que quienes cumplen con todas estas características o están fingiendo, o poseen una serie de privilegios que les permite cumplirlo y aun así, no garantiza felicidad, seguridad ni confianza en una misma. Admítanlo, hermanas, muchas veces nos estamos camuflajeando para sobrevivir a entornos, sostener trabajos y status quo. 

Ya lo dice Gordoridad Guatemala: “el cuerpo delgado ha llegado a ser considerado el único cuerpo legítimo dentro de las sociedades contemporáneas, mientras que el cuerpo gordo, a menudo, es invisibilizado o estigmatizado. La delgadez se ha convertido en el estándar de salud y belleza, y las personas gordas somos tratadas como si estuviéramos fuera de lugar en un mundo que valora la eficiencia, el control y la conformidad. En la mayoría de contextos latinoamericanos, los cuerpos gordos son considerados menos deseables, menos productivos y, por tanto, menos valiosos. Este proceso de marginalización no se limita a los aspectos sociales y estéticos; también se extiende al terreno sexual. Las personas gordas somos a menudo des-sexualizadas, vistas como poco atractivas o incapaces de disfrutar de una sexualidad plena, lo que refuerza la invisibilidad de nuestros deseos y vivencias”. 

¿Cuántas veces, siendo mujer gorda, no te dan ganas de portarte “mal”? De romper todo, de gritarle a la que te recomienda la manga gástrica, de chipotearle la cara al vato o a la chava que te sabrosea solo a escondidas, de contestarle con sarcasmo a la familiar que te dijo que subiste de peso otra vez… Hacernos sentir indeseables e incapaces de vivir plenamente nuestra sexualidad es parte del negocio: que nadie esté conforme con su cuerpo. Entonces nos pueden vender la dieta ideal, el ejercicio apropiado, la faja, la blusa, la inyección, las pastillas, la cirugía, y la lista continúa.

“Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de éstas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres; una población tranquilamente loca es una población dócil”, mencionó Naomi Wolf en El mito de la belleza.

¿Existirá la posibilidad de que una gorda sea sujeto erótico? ¿Cuán sensualmente seductora puede llegar a ser una mujer con “exceso” de peso? Las personas gordas son vistas como personas improductivas, se transforman en desechables para la sociedad, entonces se penaliza y condena su existencia. La gorda no es cuestionada y restringida única y exclusivamente por su tamaño, sino por lo que eso significa en el imaginario social y en el orden simbólico establecido para la Modernidad. 

Me di cuenta que era deseada y que mi cuerpo no era un problema por resolver cuando tuve acceso a dos espacios específicos: 1. El vogue y los espacios cuir. Y hay de espacios a espacios, por supuesto. Llegué al sex siren y entendí las infinitas posibilidades con mi cuerpo. Más que coquetearle a la/el/le otrx; permitirnos explorar esos deseos con este cuerpo presente, sin desear ser delgada. Existimos muchas personas habitando corporalidades contrahegemónicas que hemos construido la capacidad de sexualizarnos en estos espacios y que además de disfrutarlo, nos disfrutan. 2. Las lenchitudes. Repito: hay de espacios a espacios. Pero sí que experimenté cómo era sentirse verdaderamente deseada cuando me compartí con otra a quien abiertamente le atraían las mujeres gordas. 

“No podemos ver lo que no conocemos. ¿Cómo vamos a percibir placer si nunca se nos ha permitido saber de él? El placer es sólo para algunos cuerpos; cuerpos jóvenes, fértiles, capaces, bellos... La noción capacitista, racista, colorista, capitalista, edadista, lgbtfóbica, es también gordofóbica”. Melissa Nava, México 2024. 

Le quiero apostar a ser la gorda desobediente, abiertamente sexual, la gorda incómoda, mala onda, la que se ríe fuerte, la que descoloca a las personas alrededor con la confianza que posee sobre sí misma, la que ya no le tiene miedo a la comida ni a comer en público, a usar ropa que acentúe mi gordura. ¿Y si le apostamos a dejar de ocultar nuestra grandeza?

Gordoridad Guatemala

Somos una colectiva de personas gordas que visibilizamos la gordofobia y el gordoodio como parte de la violencia estética, sistémica y patriarcal.

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